ACTUALIDAD

María Rosa Lojo nos habla de aquellas
Historias ocultas que halló en la Recoleta


María Rosa Lojo es una de las mejores escritoras argentinas de la actualidad. Obtuvo, entre otros, el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires (1984), el Premio del Fondo Nacional de las Artes en cuento (1985) y en novela (1986), el Segundo Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires "Eduardo Mallea", en narrativa. En 1999 se le otorgó el Premio del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California, por "su valioso aporte a la literatura hispanoamericana". Ganó la Beca de Creación Artística de la Fundación Antorchas en 1991 y la Beca de Creación Artística del Fondo Nacional de las Artes en 1992. Ha publicado, en poesía: Visiones (1984), Forma oculta del mundo (1991) y Esperan la mañana verde (1999); en ensayo: La "barbarie" en la narrativa argentina (siglo XIX) (1999), Cuentistas argentinos de fin de siglo (1997), Sábato: en busca del original perdido (1997), El símbolo: poéticas, teorías, metatextos (1997); y en narrativa: Marginales (1986), Canción perdida en Buenos Aires al Oeste (1987), La pasión de los nómades (1994), La princesa federal (1998), Una mujer de fin de siglo (1999). Es doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires y trabaja como investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

 

El marco es una tarde de sol, en un lugar emblemático -aunque en este caso circunstancial- para la generación de entrevistada y periodista, la confitería La Perla, del Once, donde Tanguito compusiera su ya mítica La Balsa.El diálogo con ella es pretexto alegre para hablar de su estilo de prosa poética -nacido desde su ser poeta- y se pasea a través de las páginas de Historias ocultas en la Recoleta, su reciente libro de Editorial Alfaguara, que ya va por la segunda edición. Además, especialmente para miBorges.com, Lojo se detiene amorosamente en el recuerdo e influencia de Borges en su obra.

-¿Por qué la Recoleta?

-La idea surgió porque realmente es un microcosmos donde está resumida la historia argentina. No es, como se cree en los últimos años, un cementerio de la clase alta; en el siglo XIX la Recoleta era el único cementerio público que existía hasta el año`71 en que se funda la Chacarita a raíz de la fiebre amarilla. De modo que están enterradas allí las figuras fundadoras de la Nación. Incluso provincianos, -porque no era sólo para porteños. De los provincianos están Facundo Quiroga, Marco Avellaneda, están los hermanos enemigos, los que se combatieron toda la vida y al final la muerte los reunió en el mismo lugar. Y últimamente ha llegado Rosas; ya casi no falta nadie de los más importantes del siglo XIX por lo menos.

-¿Las utopías conciliadoras ocurren allí, en ese ámbito, para los argentinos?

-Y, no dejan de ser utopías. Las conciliaciones plenas yo creo que no han existido jamás en la historia, tenemos heridas abiertas que no se van a cerrar pero, creo, si hay una actitud positiva es por lo menos ver la contradicción, no negarla. Lo peor que se puede hacer es negar los fantasmas, a los fantasmas hay que enfrentarlos. El hecho, por ejemplo, de que ya esté Rosas en la Recoleta para mí es una afirmación positiva, junto con otros que fueron sus enemigos; porque de una manera o otra, Rosas también fundó la nación. Así que tiene que estar, todos tienen que estar allí.

-Desde el título del libro, se insta al lector a ubicarse en, un locativo y oculto...

-Sí, porque la imagen que siempre tuve en la cabeza es lo que hay debajo de, lo que hay metido adentro de cada lápida, de cada inscripción fúnebre, el secreto que está detrás de cada cuerpo o de cada bóveda. Es la idea de Sarmiento, cuando recorre la Recoleta en el año 1885, que lo hace en un gesto de meditación profunda, de respeto y de conciliación. No por nada se detiene en la tumba de Facundo Quiroga y además lo considera hermano; y cuando se va, se va reconciliado con esta figura que en realidad él hizo famoso por encima de cualquier otro caudillo de la misma época. Y lo que él se imagina además es qué novelas tiernas o tragedias fabulosas habrá ocultas en cada una de esas tumbas. Y deja la Recoleta como escritor, habiendo entrado como ensayista, como hombre de estado; pero fundamentalmente su mirada es la del escritor que fue. Es la misma idea que también preside este libro.

-Y vos lo tomás como antecedente en dos pasajes: primero, en el umbral de la Recoleta, y luego en el umbral del libro propiamente, además de otro umbral que es la intertextualidad de todas las citas que ubicás en el comienzo de cada capítulo...

-Hay muchos epígrafes, cada cuento tiene uno o dos, y por supuesto es un umbral de una puerta a cada cuento.

-Decís al comienzo, en esa magnífica prosa poética que utilizás, que "hay que tener el oído atento"...

-Claro que sí, para escuchar las voces. Además siempre me preguntan cómo comienzo una historia, y yo respondo: escuchando las voces, así se empieza. Cuando tengo la voz, ya sé que tengo la historia.

-¿Es historia, literatura o conjugación de ambas?

-Es la historia vista desde la literatura, cuyo producto -cuentos- es literario, es ficción en este sentido: por más que los hechos que se cuenten se refieran a personajes que existieron o hayan sido hechos verificados, están narrados desde un punto de vista totalmente literario con un lenguaje que es literario, con una construcción de espacios y de personajes y de clima que es literaria.

-Definís la Recoleta como "espacio mítico del imaginario porteño". ¿Somos necrófilos como pueblo, los argentinos?

-Yo creo que sí. Somos un pueblo que ha ultrajado a los muertos y ha descargado con eso una enorme violencia, por ejemplo las manos de Perón y el cuerpo de Eva han sido trofeos; luego, los desaparecidos. Creo que tenemos obsesiones tremendas con la muerte. Eva Perón fue en cierto modo la primera desaparecida de este siglo, con su cuerpo itinerante, botín de guerra, y luego, los cuerpos de tantos argentinos desaparecidos en los últimos años, cuyos no-cuerpos eternamente nos exigen respuestas. Sí, creo que tenemos una obsesión y una fascinación de horror recurrente con los cuerpos y con la negación, una persecución de ultratumba, terrible.

-Hay dos miradas en el libro, la del historiador Roberto Elissalde, y la tuya, de escritora...

-Sí, él tuvo la idea del libro, siempre le interesó el tema de la Recoleta. Pero cuando llevó esta idea a la editorial, les interesó pero para hacer un libro literario. De ahí que me convocan, y enseguida me pareció fascinante. Recordé inmediatamente a Sarmiento, en la "Meditación del Día de los Muertos". A muchos de estos personajes ya los conocía, había trabajado sobre ellos. Hay de todo en el libro, hay personajes públicos notorios, y están aquellos de casi vida privada, algunos totalmente desconocidos como por ejemplo la esclava que descansa en la bóveda de los Sáenz Valiente. Es una familia en la que trabajó Elissalde en particular. Pero claro, donde el historiador puede aportar datos puntuales, objetivos, uno puede trabajar, "rellenar", desde el punto de vista conjetural de la ficción e imaginar qué pasó. De eso se encarga la literatura.

-Fue un siglo de militares el XIX, y están bien representados en la Recoleta

-Sí, fue un siglo épico el XIX, para bien y para mal, un siglo de enorme violencia y atrocidades. Casi todos los que están allí, murieron en combate. Por ejemplo, a Sarmiento, que era escritor, le encantaba retratarse con su uniforme de general.

-A otro militar, a Juan Manuel de Rosas lo humanizás en tu cuento, de alguna manera lo amigás a la Argentina...

-Bueno, es el Rosas visto en su debilidad humana, ya viejo, y allí está su grandeza. Por un lado es una expiación que sufrió en vida, al final de ella, quizá por sus excesos, y por su arrogancia de ostentar todo el poder. Pienso que lo vivió dignamente, en Inglaterra, como un granjero común y corriente trabajando la tierra, con pocos recursos económicos a tal punto que tuvo que vender sus últimas dos vacas para poder subsistir. Lo hace mucho más humano. Y también hay un balance irónico de la Argentina de hoy, de los cambios étnicos, culturales, edilicios. Todo ha cambiado para bien y para mal, a veces más para mal que para bien, según como se mire ¿no? Es un cuento que lo he puesto como cierre del libre a propósito; básicamente hay que leerlo y meditar con él.

-Hay una mirada femenina...

-¿Sí?, sí, seguramente.

-¿Cuál personaje te gustó más trabajar?

-Precisamente los femeninos,  que los trabajé con mucha emoción personal. El de Agustina Andrade, la mujer legal de Ramón Lista, la poeta que se llamó a silencio luego de su casamiento, un personaje muy misterioso, muy desgarrado y que luego se suicida. Otro personaje que me ha conmovido mucho es la hija de Cambaceres, Rufina, que muere muy joven. Fortunata García, ese gran personaje, pero el cuento visto a través de los ojos de una niña que ve una guerra civil y sus excesos de crueldad.

-Lo terrenal versus lo eterno. ¿Se contraponen?

-No, no se contraponen nunca del todo, porque desde acá, seamos o no creyentes, de alguna forma trabajamos para la eternidad.

-¿Escribís para un lector inteligente, sensible y argentino?

-Me encantaría. Un extranjero podrá leer estos cuentos, pero no podrá entenderlos de la misma forma. Creo que ser argentino es una buena condición para poder leerlos y conocer nuestra historia, y ojalá que tengan inteligencia y sensibilidad; sería lo ideal.

-De alguna manera este libro me recuerda a la Divina Comedia, de Dante, en el sentido en que cada personaje está marcado por un hecho puntual que lo condicionó en vida.

-Sí, es verdad, pero los personajes no aparecen juzgados, más bien comprendidos desde los hechos que los han llevado a donde están. Y mostrando solamente, porque la idea es que el lector complete, haciendo su propio juicio, su propia evaluación. Por eso es un libro muy coral, muy polifónico; incluso la idea de la guerra civil es totalmente polifónica, no es partidista, intenta comprender desde dónde se produjeron los hechos y desde las conciencias en conflicto.

-Esa es la mirada femenina que encuentro en tu libro...

-Sí, puede ser. Lo que noto es que los hombres a veces piden definiciones,  colocarse de un lado o del otro. Y no es así. Por eso, el hecho de que esté Rosas y ese intento de comprensión del personaje no hace que lo justifique en sus actos. Me interesa el sujeto humano.

-¿Te gustó escribir este libro?

-Sí, me gustó mucho. Fue una experiencia muy hermosa y de un gran compromiso, además de un gran placer de trabajo porque hacía mucho tiempo que no escribía relatos. Fue casi un descanso luego de escribir varias novelas. En cambio los cuentos se pueden trabajar como poemas, con una unidad mucho más acotada y descansada. Siempre trabajo desde la poesía, estoy convencida de que la prosa narrativa puede tener ciertas condiciones de la prosa poética, que son la sinceridad de la poesía, que no exista lo superfluo, el abandono del lugar común; creo que se puede escribir desde esa mirada fundadora que tiene la poesía.

-Donde cada palabra desde su propio peso...

-Sí, desde la gravidez de la poesía se puede hacer narrativa y desde la economía de lenguaje. Bueno, el gran maestro que tuvimos en esto fue Borges, sin duda.

    BORGES                                                 

-Borges es el gran ausente en nuestra Recoleta ¿no?

-Sin duda, pero en mi libro está presente en uno de los epígrafes que corresponde a un poema suyo, escrito en su juventud, pensándose a sí mismo enterrado en el cementerio de la Recoleta. Si hubiera estado allí, creo que habría hecho un cuento sobre él.

-¿Borges para vos ?

-Para mí fue una lectura fundamental, fue mi puerta de entrada a la literatura argentina, junto con Mansilla. Mansilla, con Los siete platos de arroz con leche, y Borges con sus cuentos; así empecé. Me dejó la marca de trabajar una pieza narrativa con una exigencia absoluta.

-¿Hay un antes y un después en la literatura argentina respecto de  Borges?

-Sin duda, porque Borges es quien reinstaló la literatura argentina en el mundo a través de su obra y a través de lo que él pensaba que debía ser la tradición argentina. No una tradición pintoresquista, meramente local, sino una literatura que desde lo local, porque era un autor fundamentalmente argentino, debía tener un valor y una mirada universales.

-¿Qué texto de Borges te influyó más?

-Sin duda, El Sur, un texto maravilloso al que vuelvo siempre.

-¿Borges es un poeta que trabaja cuentos?

-Sí, esa es la causa de por qué sus cuentos son así, porque están pensados con mentalidad poética. Creo que ése es el secreto de que la prosa de Borges sea tan imprescindible como es.

-¿Qué es para vos la literatura?

-Para mí es una práctica vital, una práctica que le da sentido a mi vida, algo que no puedo dejar de hacer. También es una profesión, y si bien de la ficción no se puede vivir y de la poesía menos aún, pero es un medio de trabajo e inserción en el mundo, de comunicación con los demás, y de servicio. Estoy convencida de que es un servicio.

-Tenés un doctorado cuya tesis versó sobre Sábato. ¿Te gustó trabajar en su obra?

-Sí, fue una experiencia muy interesante,  no solamente por Sábato mismo, sino por el mundo que este escritor nos abre. Sábato es un autor que permite pensar en las condiciones de la cultura, y de la cultura occidental en particular. Su obra es como una plataforma para el pensamiento.

-En una época de la Argentina a Borges se lo oponía a Sábato...

-Sí, recuerdo que en mi época del colegio secundario a Borges no se lo estudiaba porque, se decía, era cipayo, oligarca, extranjerizante, erudito, frío, artificioso y antiargentino. Después hay que tener en cuenta, para deshacernos definitivamente de esas dicotomías ridículas, que Sábato fue el primer admirador de la obra de Borges, para él Borges era un maestro de la literatura y una verdadera obsesión, aunque no fue un amor muy correspondido, porque a Borges no le interesaba el Sábato escritor. Creo que es una visión sumamente limitada seguir oponiéndolos, además porque Sábato incorporó muchas de las enseñanzas de Borges a su literatura. Es producto una vez más de que los argentinos  nos obstinamos en ver la realidad dividida, cuando no hay necesidad.

-¿Recoleta hoy?

-Es un paseo por la memoria, por la historia, no es un lugar lúgubre, es un lugar de profunda paz, es como si el rompecabezas de la historia argentina estuviera ahí tratando de armarse. Es un lugar donde puede hacerse un juicio más reposado, lo que nos hace falta, porque somos muy intolerantes los argentinos, muy inequitativos.

-¿Cómo convivís con el ser escritora que hay en vos?

-Es otra dimensión de uno mismo, donde realizamos posibilidades secretas de nosotros mismos. Los personajes son eso, a pesar de que hayan sido reales. Es verse en el espejo de otro, un poco como lo que posibilita la profesión de actor. Esa es la magia y la pasión de la literatura,  abrir horizontes diferentes en la propia vida, una especie de locura benigna.Además siempre estoy con proyectos, motorizada, porque creo que sin proyectos no se puede vivir.