EL Arte de los Argentinos                                                              

ESOS LIBROS DE GUTIERREZ ZALDIVAR


Nacho Gutiérrez Zaldívar y sus libros con Sandra Pien en su puesto de mando en Galerías Zurbarán

 

Son un lujo del arte editorial. Cada uno lleva el sello del preciosismo con que su creador encara la obra desde el principio al fin. Este mes de julio, el conductor de El Arte de los Argentinos celebra diez años de ediciones.
Su misión: hacer que la belleza de la plástica llegue con su mensaje intacto a más y más gente. Exclusivo para el sitio miborges.com

En el diccionario, la definición de Arte dice así: del latín, ars, artis. Conjunto de procedimientos para realizar obras que pueden ser juzgadas estéticamente. Conjunto de reglas para ejecutar bien algo. Maña, astucia, disposición personal. Sin duda, ésta parecería ser una definición hecha a medida para Ignacio Gutiérrez Zaldívar. Abogado, marchand, el más importante editor de libros sobre el tema, conductor de su programa de televisión durante cuatro años, Nacho es hoy el referente máximo en el arte de los argentinos. En diálogo con miborges.com

- Desacralizaste el arte argentino...

- Intento, intento desacralizarlo. Creo que no hay nada más necio que pensar que las tareas están cumplidas, soy un convencido de que las cosas se hacen día a día. Y el día que vos pensás que ya lograste algo, ése es el peor día, por lo tanto es el que nunca debe llegar.

- Está bien la teoría, pero lo hiciste. En un gran porcentaje y desde hace muchos años ya desacralizaste el arte...

- Me dedico al arte desde los 13 años; hace 35 años que compro cuadros y que formo mi colección. Y me dedicado tiempo completo desde hace 24 años, desde octubre del ´76 en que inauguré la primera Galería Zurbarán. En el tema editorial, el primer libro que publiqué fue en el ´89, Las exigencias del arte de Rafael Squirru, porque me pareció una ordinariez empezar con un libro mío. Pero formalmente mío, también con Squirru, Cuarenta maestros, que lo presentamos el 31 de julio de 1990, día de San Ignacio de Loyola.

- Cumplís 10 años este julio, entonces vaya esta entrevista como homenaje.

- Hemos editado casi 30 libros en 10 años, un promedio de tres por año; deben ser en total unos 20, más los cd rom.

- ¿Podemos hablar del libro de arte como libro-objeto?

- A mí lo de libro-objeto no me gusta porque yo califico como libro-objeto a aquél que tiene que tiene continente pero no contenido. Ese libro que es lindo, que lo hojeás y lo dejás en la mesa de café. En varios prólogos de mis libros insisto en la idea de que hago libros que, creo, el que los lee, se divierte. La realidad es que mis libros te llevan a pensar en el libro-objeto porque tienen una cantidad inusitada de ilustraciones. Tienen un promedio de 260 páginas y generalmente, de 600 a 700 ilustraciones, o sea, con un promedio de 2 a 3 por página. Pero hay un motivo y no por libro-objeto: yo hablo de artes visuales, por lo tanto, los libros tienen que responder a la imagen. No concibo un libro de arte que sea sólo texto, por eso, cuando lo escribo, siempre priorizo la imagen.

- Desacralizaste también la crítica del arte.

- Ese es un tema complejo, porque el concepto era que el arte era para unos pocos. Entonces, cuanto más complicado era como te lo contaban, más elitista era. Y eso es una estupidez. El arte, históricamente, es para todos. La mejor prueba es que el hombre antes de escribir, se comunicaba a través del dibujo. ¿Qué son las Cuevas de Altamira? Esa era la comunicación, no han nada más antiguo que el dibujo. Las artes plásticas tienen en éste el arte autónomo más importante que hay, porque el dibujo no sólo es la base de todo sino que además fue el primero. Por lo tanto el arte era para todos. Y el ejemplo más impresionante es que todo el arte occidental tiene a la Iglesia Católica como la responsable de su existencia. ¿Y la Iglesia para qué hacía cuadros? Porque la gente era analfabeta. ¿Y cómo le contaban la Biblia y el Nuevo Testamento? A través de las pinturas. Y contaban a sus feligreses analfabetos la pasión de Jesucristo a través del arte.

- Educar a través del arte...

- Exactamente. Hoy para mí hablar sobre arte, difundirlo, sea tal vez una coartada, porque la única intención mía es educar. El único capital valioso que existe en el mundo, y escaso, es la gente capacitada y educada.

- Entonces, pasamos del libro-objeto al libro que es una exposición permanente.

- Y el libro que además sea útil. Ejemplo, qué simbólico que mi primer libro se llame Cuarenta maestros. Porque en esos cuarenta maestros, que son los artistas fallecidos más importantes de esa época en la historia del arte argentino, no sólo hay un análisis brillante de Rafael Squirru -que es el hombre que más sabe de arte en la Argentina, en mi opinión- sino que además agregué una biografía cronológica de cada uno, una información que no estaba en ningún libro. Busco que todos los libros tengan una unidad nueva sobre lo menos conocido de cada pintor.

-¿Tenemos un arte argentino?

- Tenemos el arte de los argentinos, que no es lo mismo. Si no tenemos una identidad, ¿cómo se puede encontrar una identidad particular de cada una de las 23 provincias?; es muy difícil. Además nuestra imagen en el exterior es la del porteño, que es la peor que podemos dar. Y no tenemos si quiera dos siglos de arte, como escuela organizada.

- Pero lo estamos haciendo...

- Sí, lo estamos haciendo, ¿y sabés cuándo definitivamente lo vamos a hacer? Cuando el artista argentino pinte la luz de la Argentina. Lo que define generalmente en pintura, no es la pintura sino la luz. Cuando uno mira los cuadros anglosajones, los cuadros de los norteamericanos, la primera impresión lleva a decir qué artificiales que son. No, es la luz de ellos. El mejor ejemplo son los impresionistas franceses, son inconfundibles. Y en nuestro arte, salvo Molina Campos, todos los demás, no la captan. El caso de Quirós -que es mi pintor preferido- es muy claro: podría ser un pintor español, francés, belga, inglés, alemán. Quinquela Martín, a pesar de que pintó en la Boca exclusivamente, lo comparan siempre con Van Gogh. En general, el resto de los pintores hace una luz neutra.

- Sos un transgresor del arte, rescatás artistas olvidados o desconocidos...

- Tuve una educación jesuítica. Los jesuitas te motivan mucho al desafío, a la búsqueda. Entonces quizá aquel artista que tiene una promoción adecuada, no me motiva. Además creo que uno es muy buen comunicador de aquello de que está convencido. Mirá hasta qué punto, hace 25 años nadie hablaba de Quirós, de Fader, de Molina Campos, del mismo Soldi. Vivimos en un mundo mediático y el secreto está en comunicar muy bien, no alcanza con se hagan cosas si no se pueden comunicar.

-¿Por qué escribís sobre arte?

- Bueno, uno no escribe para su propia gloria sin al servicio de. Cuando escribo, es la apología de lo que escribo. Y cuanto menos se note mi presencia en el libro, más feliz soy. Es más, de la primera escritura del libro a la que sale impresa, posiblemente haga doce libros, porque vivo cambiando términos y giros para que la gente lo entienda con más facilidad. Porque uno da por presupuesto que la gente tiene que conocer lo que uno sabe, y es un gran error.

- Vivís a mil.

- Sí, quizá eso sea lo más difícil de mi profesión, el estar siempre expuesto. Para hacer lo que yo hago debo tener un perfil muy alto y tengo que exponerme. Porque creo que al mundo no hay que combatirlo, hay que infiltrarse. Y como vivimos en una sociedad exitista, uno tiene que estar con la bandera de El arte de los Argentinos y las cosas en las que creo profundamente, siempre bien arriba.

-¿El arte te da alegría?

- El arte es un privilegio, y como tal quiero compartirlo con los demás. Vivir con arte es mejorar la calidad de vida.

Borges

Yo tuve una relación muy simpática con Borges. Hace años, cuando era chico, yo era en todas las misas de 8 de la mañana, monaguillo en San Nicolás de Bari. Un día vino la madre, doña Leonor, a buscar la partida de nacimiento de su hijo, que se iba a casar. Y luego, cuando Borges vivía en la calle Maipú lo visité muchas veces; a veces le hacía de chofer y lo llevaba a dar las charlas que iba con María Kodama. Yo creo que a Borges le interesaban muy poco las artes plásticas. Creo que su unión con ellas fue a través de Norah, su hermana, a quien también conocí, que era una gran dibujante y una gran pintora, pero una mujer que nunca quiso trascender. Es más, yo nunca le hice una exposición a Norah. Yo siempre quise hacerle un homenaje porque estaba convencido de que era la pintora más importante que había en la Argentina -ya Raquel Forner había muerto- pero ella me decía: "vos hacé la exposición, pero yo no voy a ir a verla ni iré a la inauguración". Entonces le respondí: mi alegría es darte una alegría a vos, si no vas a venir, no la voy a hacer. De Jorge Luis Borges, recuerdo haber estado en París con él. El vivía en un hotel en la Rive Gauche, y mientras tomábamos el té, le decía que fuéramos a ver exposiciones. A dos cuadras están unas galerías maravillosas; por ejemplo, en la rue des Beaux Arts donde está la mejor galería de París, la de mi amigo Claude Bernard. Muchas veces le decía: vení, vamos a ver a tal pintor; no le interesaba. Yo creo que él tenía hasta tal punto su propio mundo que no le interesaba adentrarse en el mundo de otro; y esto va más allá de su problema de ceguera.

-¿Y en cuanto a la literatura de Borges?

- Creo que el mejor libro que se ha escrito en la Argentina, luego de La tierra purpúrea de Hudson, y el Martín Fierro de José Hernández, creo que es El Aleph, de Borges. Si vos me preguntás de cuál libro me gustaría hacer una buena edición y encargar las ilustraciones, sería sin duda éste, El Aleph, y es algo que sin duda alguna vez voy a hacer.

Quinquela Martín es la próxima meta

"Te voy a contar un secreto, escribo mis libros a partir de las ilustraciones. Qué significa esto, vayamos al caso concreto del libro de Quinquela Martín, que es el que estoy preparando y voy a presentar en septiembre. Para este libro al día de la fecha tengo 3.800 ilustraciones, que van desde fotos de la boca en 1890 hasta fotos de la boca de ayer a la mañana. Esas fotos han sido producidas por nosotros en 20 años, además de material de otros archivos. En base a ese material, voy terminando el texto y le voy adosando cosas. Después le daré la extensión a cada tema de acuerdo a la ilustración que tenga. Ejemplo, le voy a dar mucho lugar a los 15 murales que Quinquela hizo en la escuela de la Boca, porque de eso no hay nada. Generalmente trato de hacer hincapié en el hombre más que en la obra, porque creo que sin el hombre no existiría la obra, y con otro agravante: la obra tiene que hablar por sí misma. Baudelaire decía que la obra que necesita literatura no se vasta por sí misma. Y soy un convencido de eso. Entonces de nada te sirve que te cuente cómo jugaba escenográficamente Quinquela en los cuadros, cuando es algo que importa si vos, frente al cuadro, los sentís. Entonces lo que tengo que hacer es inducirte a ver, porque todos miran. Mis libros lo que buscan es interesar y eso sí, desde el punto de vista de la investigación histórica rompo con todos los mitos y las leyendas, que en el caso concreto de Quinquela es el mismo caso de Molina Campos: todo lo que había escrito era leyenda y poco era historia. Por ejemplo te voy a presentar algo que nadie se imaginó: posiblemente una de las mentes más claras que han existido en el marketing del arte es el señor Benito Quinquela Martín. Es una faceta desconocida y maravillosa: Quinquela nunca tuvo representante, jamás tuvo una galería, jamás tuvo un marchand. Pero antes de que inaugurara una exposición, salían centímetros y centímetros de prensa, y luego también. Por ejemplo, Quinquela inauguró su primera exposición el 4 de noviembre de 1918. El 6 de noviembre, a 48 horas, ya había media página en La Razón, en La Nación, en La Prensa. El tenía un gran manejo de comunicación con los comunicadores. Hacía por ejemplo inauguraciones previas en su taller y llevaba a los críticos. Ese es el desafío para mí, agotar el tema. Es más, yo, que he escrito el libro definitivo de Quirós, el definitivo de Molina Campos, creo que los agoto, y los agoto bien, sanamente. Unicamente podría escribir de ellos otro libro en el futuro, si es que apareciera un material valioso, por ejemplo, cien cartas con alguien que lo justificara".

Crédito fotográfico: Alejandro Calderone